Instalación de chapa de mármol, cuidados del mármol y de las piedras calizas

Instalación de chapa de mármol, cuidados del mármol y de las piedras calizas

El mármol y la piedra dimensionada de otros materiales (caliza, arenisca, granito, cuarcita…) son materiales de acabado utilizados con profusión en la arquitectura desde la antigüedad. Las técnicas utilizadas para trabajarlos han evolucionado a lo largo de los siglos. Eso incluye no sólo la localización, extracción en cantera y transporte, sino el serrado de tablas con las que realizar baldosas o placas, su acabado mediante pulido, labrado u otras técnicas y, naturalmente, su colocación o chapado en obra.

No hemos de olvidar que el objetivo de la arquitectura es crear espacios para todas las actividades humanas. La piedra per se no es parte de la obra arquitectónica, hasta que está correctamente colocada de forma que se garantice su disfrute. Por lo tanto, la colocación y posterior mantenimiento forman parte integral del producto piedra natural.

Los romanos fueron quizá los grandes maestros en el uso intensivo de mármoles para realizar y decorar sus espacios arquitectónicos. Desde su época hasta finales del siglo XX no hubo grandes cambios en la técnica de colocación del mármol, lo que indica que el método funcionaba y permanecía durante siglos. Además, desarrollaron muchas técnicas para la colocación de sillares de piedra más común y para pavimentar con adoquines.

Para la colocación de adoquines en exteriores, simplemente se colocaban (y se colocan) sobre un lecho de asentamiento compuesto de áridos (idealmente arena y gravilla fina). La superficie a adoquinar viene limitada por contorno delimitado por bordillos u otros elementos que garanticen un confinamiento perimetral que evite el desplazamiento horizontal de las piezas de piedra natural. A continuación, se rellenan las juntas con arena seca, ayudados por una escoba y se macea bien la superficie (o se utiliza una vibradora) y se vuelven a rellenar las juntas con arena, hasta que queden perfectamente llenas.

Sin embargo, el uso de los adoquines o de los sillares directamente, no es el más habitual en la utilización de piedras ornamentales. Debido a la influencia de la cultura griega, el mármol fue considerado un material particularmente precioso en la antigua Roma. Los altos costes debido al transporte desde las canteras, a menudo lejos del lugar de uso, inicialmente lo convirtieron en un material de lujo para edificar monumentos públicos o para las realizar ricas decoraciones en las superficies interiores de las residencias privadas, ya que uno de los propósitos de los clientes que adquirían el mármol era el de impresionar al pueblo con el uso masivo de un material tan costoso y culturalmente significativo. Por eso, contrariamente a la impresión popular, no se solían tallar grandes sillares de mármol, sino que, como hoy, se solía utilizar para cubrir paramentos o realizar aplacados sobre obra de ladrillo, o en pavimentos. Su colocación era mediante el método que hoy llamamos de colocación en capa gruesa y que consiste en la colocación al mismo tiempo y en un único proceso, tanto de la piedra natural como de su sustrato de nivelado, sin maestrear previamente el soporte.

Se realiza con mortero de cemento y arena, en una proporción de uno a cuatro o uno a cinco, dependiendo del tipo de árido utilizado, de las condiciones de la superficie a cubrir, del tipo de piedra… Este método se puede utilizar en superficies irregulares y, por lo tanto, no perfectamente planas y precisa de un espesor útil para la colocación no inferior a los 5 ó 6 cm, contando con un espesor mínimo de 2 cm para el material pétreo, que deberá ser lo suficientemente resistente y no estar sujeto a una absorción de agua excesiva, para evitar posibles eflorescencias. A veces se espolvorea el reverso de la pieza a chapar con cemento, o se añade una barbotina de cemento muy concentrado y agua, para mejorar la fijación. En cualquier caso, ésta se produce cuando el material cementoso penetra en el material a colocar y, con el tiempo, forma unos cristales que fijan la pieza a la superficie. Se trata de una fijación mecánica.

El grosor de la capa de adhesivo (mortero) y la pericia del albañil, sirven para compensar los desniveles o desplomes en la superficie a recubrir o en las baldosas o placas de piedra natural. Y el hecho de realizar al mismo tiempo la nivelación y la colocación puede ahorrar tiempo, en determinados casos. Sería un método aceptable en determinadas circunstancias para pavimentos en exteriores. Sería. Nótese el condicional, porque hay muchas más desventajas que ventajas para su recomendación, hoy en día.

El primer inconveniente es que, si bien hace no demasiados años era el único método ampliamente conocido, hoy en día es difícil encontrar un colocador con la suficiente pericia como para aplicarlo correctamente.

La principal desventaja, sin embargo, es la posible aparición de eflorescencias, asociadas a la humedad del cemento utilizada para la colocación y a las sales contenidas en la arena del mortero. Es cierto que la humedad presente en el suelo o, más raramente, el muro, a recubrir puede ser un problema también con otros métodos de colocación. Pero, en el sistema tradicional sobre capa gruesa, el objetivo final es que el agua penetre junto con el cemento en los poros de la piedra. El exceso de agua buscará su salida más natural, a través de la piedra y llevará disuelta óxidos que la mancharán definitivamente, o salitre u otros minerales presentes en la arena del mortero, que acabarán saliendo a la superficie. Si no hay suerte, se quedarán justo bajo la superficie y, al formar cristales, éstos se expanden, pudiendo descascarillar la cara superior.

Claro que también existe el riesgo de que, debido a la posible presencia de burbujas de aire en la capa gruesa de cemento, queden huecos en éste al secarse. Estos huecos harán que queden partes de la baldosa al aire, sin contacto con la base del suelo o el muro y, por lo tanto, que estas partes tengan poca resistencia y se puedan partir al pisarlas o al perforarlas. Esto es particularmente posible con la colocación de piezas "a pegotes", es decir, cuando el mortero no cubre totalmente la parte posterior de la pieza.

Como casi siempre, todos los problemas son evitables si se siguen una serie de pasos. Siempre ha habido obras en las que la colocación se ha realizado de forma tradicional sin mayores problemas y es cierto que el abandonamiento de estas técnicas tradicionales se ha visto acelerado por los intereses de los fabricantes de adhesivos de nueva generación que, inicialmente, venían a solucionar el problema de colocación de materiales con características diferentes. Pero las ventajas de los nuevos sistemas de aplacado y chapado justifican su uso.

Especialmente, el desarrollo de la técnica de colocación en capa fina ha venido de la mano de la popularización de pavimentos cerámicos en gres porcelánico, con una porosidad muy pequeña y con un nivel de absorción casi nulo. Esto impide la penetración del cemento en el material a colocar y, por lo tanto, la formación de cristales en el interior y su fijación mecánica. Había que desarrollar adhesivos químicos que fijen la pieza por contacto y esto ha llevado al desarrollo del sistema de colocación en capa fina. Estos sistemas también tienen ventajas para la colocación de piedra natural.

En él, los paramentos tienen que tener una planitud óptima, pues con el grueso del pegamento tenemos muy poco margen de maniobra para corregir problemas de aplomado o de nivel. Hay que preparar las paredes mediante enfoscados o recrecidos, lo que puede encarecer los trabajos. A cambio, tendremos acabados perfectos.

Sobre esta base bien nivelada y perfectamente seca, lo suficientemente compacta como para no disgregarse y con una cierta textura rugosa, extendemos una capa de cemento cola de no más de medio centímetro. Para ello se utiliza una llana dentada de unos 10 mm como máximo. A continuación, extendemos una capa similar en el reverso de la piedra a colocar, procurando cubrir muy bien toda la superficie. Es muy importante utilizar este "encolado doble" (tanto en la pared como en el reverso de la piedra), porque lo que se trata es de no quede ninguna parte por cubrir por el material de agarre. Para ello es importante macear muy bien la pieza con maceta de goma, hasta lograr el total aplastamiento de los surcos creados con la llana dentada en el material de agarre. También hay que limpiar inmediatamente con agua los restos de material de agarre que hayan quedado sobre el mármol o que salgan a través de las juntas.

Es importante respetar las juntas mínimas. Habitualmente se suele recomendar que estas sean de al menos 1,5 mm en interiores, e incluso mayores en exteriores. La función de la junta es compensar los posibles movimientos de los muros debidos a asentamientos de obra, dilataciones o contracciones por cambios de temperatura, etc. Especialmente en pavimentos, es importante dejar juntas de dilatación adicionales cada 50 m2 aproximadamente. En paredes, estas juntas adicionales se suelen sustituir por juntas perimetrales disimuladas por falsos techos u ocultas por el pavimento. Naturalmente, la necesidad de estas juntas dependerá de muchos factores: la obra nueva tiene más movimientos que una ya asentada; las edificaciones de madera tienen movimientos siempre, lo que complica mucho las cosas; el cartón yeso en interiores resulta mucho más estable… El hecho cierto es que hay fabricantes de crucetas que producen algunas de apenas 0,5 mm, lo que indica que el gusto por las juntas muy pequeñas, mínimas, va más allá de las recomendaciones genéricas y cautelosas de los productores de piedra natural. Y es que, estéticamente, la ausencia de juntas transmite una sensación de acabado superior.

En pavimentos, tradicionalmente se venía realizando el pulido tras la colocación. Si bien este pulido in situ quedaba lejos de la calidad del acabado de los pulidos industriales, tiene la ventaja de eliminar posibles cejas y disimular completamente las juntas. Esto no es una opción en revestimiento, donde habrá que estar atentos a la planitud de la pieza y a la elección de un material de rejuntado adecuado.

La aplicación del material de rejuntado se realizará, como mínimo, 24 o 48 horas después de finalizar la colocación del revestimiento, para dejar evaporar el agua del material de agarre y evitar las manchas de humedad que pudieran provocar eflorescencias. Aunque los cementos-cola de base cementosa tienen un contenido en agua muy inferior al del mortero tradicional, conviene evitar al máximo la presencia de humedad en el momento de rejuntar. Desde el punto de vida estético, es muy importante elegir un color de junta adecuado al efecto que queremos conseguir. En el caso del mármol, lo habitual es elegir un color lo más parecido posible, parar disimular las juntas. También es importante elegir una granulación de junta adecuada al grosor de la junta. En el caso de una junta pequeña, de 1,5 mm o menos, una junta de grano fino ayudará a que no se raye la superficie pulida del mármol al aplicarla. En zonas donde el mármol esté sujeto a humedades (en paredes de ducha, por ejemplo), una junta de resina epoxi ayudará a evitar filtraciones de agua. Eso sí, al aplicar una junta de este tipo habremos de ser particularmente meticulosos en limpiarla antes de que seque y comprobando antes que el líquido recomendado para la limpieza no afecta al mármol, ya que este tipo de materiales de rejuntado no se suelen poder limpiar con agua.

Como vemos, son muchas las ventajas de la colocación en capa fina: prevención de patologías, acabados perfectamente nivelados, facilidad de aplicación, menor peso (0,5 cm de cola frente a 2 a 4 de mortero con áridos, ya de por sí más pesado) y mucho menor espesor. Esto es especialmente importante en el caso de las rehabilitaciones.

Hay un par de consideraciones adicionales a tener en cuenta para el caso concreto del revestimiento de paredes con piedra natural. Si se sobrepasan los 60x40 cm, se precisan anclajes mecánicos, además de la fijación química del cemento cola. Hay una razón de peso para ello: 1 m2 de mármol de 2 cm de espesor viene a pesar alrededor de 50 kg. Más o menos, pasa lo mismo con las calizas más populares. Los anclajes metálicos, habitualmente de acero, se engarzan en la piedra mediante la mecanización de la misma (con el consiguiente gasto adicional en la colocación) y se fijan a la pared, de forma conjunta al cemento cola, para garantizar la adhesión completa. Ni que decir tiene que el peso de una baldosa de piedra natural (o de una placa de grandes dimensiones), dificulta mucho su uso en tabiques de cartón yeso o aligerados.

LITOMO es la solución ideal para el uso de mármol y otras piedras naturales de gran formato en rehabilitación o con sistemas de colocación sencillos. Es mármol natural, sin más matices. No es una imitación, no es artificial. No es un "como si". Se trata de simples placas u hojas de piedra NATURAL, con todas sus ventajas y algunas más, derivadas de su ligereza y facilidad de transporte, pero siempre son piezas únicas e irrepetibles, con toda la belleza del producto natural. Sin embargo, al tener un espesor tan reducido, de apenas 3 mm, son mucho más ligeras. Una hoja de chapa de piedra Litomo pesa apenas 8 kg por m2. Eso es un peso 6 veces inferior al de una tabla o baldosa de mármol de 2 cm. Aunque NO se recomienda su uso como pavimento, dado su grosor ultra reducido, es una solución para conseguir chapar una pared añadiendo menos de 1 cm de grosor (3 mm del mármol más unos 3 a 5 mm de cemento cola). Además, el peso total será de alrededor de 10 kg por m2, incluyendo el peso del adhesivo y de la junta. Y no son necesarios sistemas de anclaje adicionales, dada la liviandad del material. Otra ventaja es que se puede utilizar sobre tabiques de cartón yeso, con la ventaja de tiempo y facilidad de colocación que eso implica.

Para colocar correctamente la chapa de piedra de Litomo, recurriremos al sistema de colocación sobre capa fina, con doble encolado, sin necesidad de enganches mecánicos. Eso sí, NO podemos utilizar mazos de goma para conseguir aplanar los surcos de material de agarre. En su lugar, apoyaremos ambas manos sobre la superficie de la pieza y, ejerciendo una presión suave, moveremos la pieza de lado a lado unos milímetros para conseguir eliminar todas las burbujas de la parte posterior. Es importante cambiar la posición de las manos varias veces para asegurarnos de la pieza queda bien en contacto con la pared, en toda su extensión.

La otra observación es sobre el tipo de cola a utilizar. Muchos productores de piedra añaden mallas de nylon o fibra de vidrio como refuerzo de materiales con tendencia a agrietarse. Una vez colocados, no habrá peligro de roturas, ni se percibirán las posibles fisuras. También Litomo enmalla todas las piezas de formato grande, para facilitar su manipulación y transporte, al tratarse de un material frágil por su espesor. Estas mallas se fijan a la piedra con resina epoxi. Para la colocación de materiales con malla se utilizará un adhesivo tipo R. Es decir, no un adhesivo cementoso, sino uno de resinas y deslizamiento reducido (R1T). El motivo es la nula absorción de la resina epoxi de la base del mármol, que impediría la fijación con colas de base cementosa. La recomendación de utilizar una cola tixotrópica (tipo T, es decir, que no descuelga), viene dada por el formato mayor de la pieza. Aunque su peso es escaso, resulta más sencillo trabajar con una cola que descuelgue poco.

Utilizar un adhesivo con base de resinas tiene otras ventajas: conseguimos mayor flexibilidad (recomendable para los grandes formatos de las láminas Litomo) y evitamos posibles infiltraciones de agua, que llegarían inmediatamente a la capa superior. Por otro lado, este tipo de material de agarre asegura la fijación a cualquier superficie. Eso sí, hay que ser escrupuloso en la limpieza de restos y no permitir que estos se sequen, lo que por otro lado es un consejo siempre valioso, independientemente del material de fijación.

El formato ultra fino de la chapa de mármol Litomo facilita, además, el uso de crucetas autonivelantes. Estas se han popularizado especialmente en la colocación de cerámica en los últimos años. Consisten en unos separadores de plástico que sustituyen a las tradicionales crucetas, que aseguran que se mantendrá el espaciado entre piezas de mármol. En estos separadores se introducen unas cuñas que presionan piezas adyacentes y consiguen una nivelación perfecta de la superficie, sin cejas. Al secarse el adhesivo, se pueden retirar y reutilizar las cuñas, mientras que el separador se queda inserto en la cola. Aunque la cerámica suele presentar problemas de deformaciones respecto al plano que no tiene el mármol, este sistema también compensa las deformaciones en superficie provocadas al secarse el adhesivo y que son especialmente problemáticas cuando no se puede chapar en una sola sesión. Aparte de presentar una planimetría perfecta, Litomo es una lámina lo bastante flexible como para adaptarse a las irregularidades del paramento, facilitando conseguir unas juntas perfectamente niveladas.

En cuanto al corte y mecanizado de las láminas de chapa de mármol Litomo, (realización de cajeados) se puede realizar con sierra de agua o simplemente con una pequeña radial o amoladora (tronzadora). El espesor convierte cualquier operación sobre este material en mucho más sencilla que el trabajo en piedra natural de espesor tradicional. Naturalmente, hay que utilizar discos, coronas y brocas de diamante, pero los resultados son mucho más satisfactorios que sobre piezas de 20 o 30 mm, o sobre gres porcelánico y los riesgos de rotura incontrolada por tensiones internas, también son muchísimo menores.

Finalmente, para disfrutar de nuestra lámina fina de piedra natural, será suficiente con seguir los consejos de mantenimiento habituales para este tipo de materiales, independientemente del espesor: retirada del polvo superficial con un paño suave y limpieza de manchas mediante un paño húmedo con jabón neutro, enjuagando con abundante agua limpia, tras lo que hay que secar bien con un paño absorbente para que no queden manchas de cal.

Y es que el enemigo del pulido es la abrasión (cepillos duros, estropajos ásperos, arena…) Y el enemigo de los mármoles y cualquier piedra natural de base caliza son los ácidos. Aunque cualquier ácido puede atacarlos, incluso el zumo de limón (ácido cítrico) y el vinagre, hay que tener especial cuidado con el ácido clorhídrico (HCl) que contienen el salfumán y otros productos de limpieza. Hay que tener mucha precaución con los materiales específicamente publicitados como especiales para "limpieza de obra", puesto que a menudo contienen concentraciones elevadas de ácidos. La base para la limpieza de material de rejuntado suele ser el ácido fluorhídrico (HF), inerte para muchos plásticos, pero que ataca el vidrio, la cerámica y la piedra natural. En el caso de que tengamos dudas, siempre es mejor probar un producto de limpieza en un área poco visible del mármol, antes de tratar toda la superficie.

Aunque es un caso poco habitual en su uso como revestimiento de paredes, si se produce cualquier mancha, deberemos limpiarla lo antes posible, puesto que se trata de un material poroso y absorbente. El pulido sirve para cerrar los poros hasta cierto punto, pero si la mancha penetra en la piedra, será muy difícil eliminarla.

Si seguimos estos sencillos consejos, disfrutaremos de una piedra natural hermosa durante años.

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