“Mármol”, mármol y MÁRMOL

“Mármol”, mármol y MÁRMOL

El mármol es un material integrado en la arquitectura desde la antigüedad. Todos conocemos ejemplos de grandes obras arquitectónicas en mármol y asociamos el mármol con el lujo, los grandes espacios públicos y la elegancia. Todos sabemos qué es el mármol ¿o no?

La cosa no está tan clara cuando empezamos a pensar un poco sobre el tema ¿todas las piedras usadas tradicionalmente en arquitectura son mármoles? ¿Qué hay de los granitos y cuarcitas? ¿Las piedras que no se pulen son mármoles? ¿De qué colores puede ser un mármol?

El caso es que existen dos acepciones de mármol. Una, es comercial e industrial. La otra es más puramente geológica. La primera contempla una amplia variedad de rocas ornamentales que, aunque stricto sensu, no serían mármoles desde el punto de vista geológico, encajan perfectamente en el concepto de mármol utilizado en arquitectura e interiorismo. Así, un mármol es cualquier roca industrial, fundamentalmente carbonática, que acepta ser pulida sin precisar de procedimientos y/o aditivos de tipo químico. Esta sería la definición del Marble Institute of America (MIA). Esta es la definición que encaja con la norma internacional ASTM C119, que regula la terminología para la piedra dimensionada, que es aquella que ha sufrido un proceso de selección y corte para conseguir determinadas medidas.

Así, pues, el procesado es un aspecto íntimamente relacionado con el mármol. Normalmente hablamos de mármol cuando la piedra carbonática está cortada, dimensionada. No necesariamente sólo en el ancho y largo, sino en el grosor. Hablamos de bloques de mármol, lo que ya implica un cierto corte, aunque sea para extraerlo de la cantera. Y de tablas de mármol, cuando estos bloques, aún con los bordes irregulares, se seccionan en láminas, habitualmente de 2 o 3 cm de grueso para su uso posterior en construcción, ya sea en fachadas, como revestimientos o pavimentos o para su transformación en encimeras, mesas, y otras superficies de trabajo, mostradores, etc.

¿Por qué este grosor de tablas de 20 o 30 mm? Bien, digamos que este ha sido el límite tradicional de la técnica. Hemos de ser conscientes de que el proceso de corte habitual con sierra en grandes "telares", aunque es rápido y efectivo, requiere una gran cantidad de energía y desperdicia 2 cm aproximadamente en cada corte. De un bloque de mármol de un metro de espesor (100 cm. ) se podrían obtener teóricamente unas 20 tablas de 3 cm (30 mm + 20 mm de desperdicio = 50 mm, que multiplicado por 20 tablas dan los 1000 mm del bloque) o 25 tablas de 20 mm (2 cm). El uso de energía, agua para refrigeración y tiempo no se reduce significativamente dependiendo del formato, por lo que hay relativamente poca diferencia de precio entre tablas de 20 o de 30 mm de espesor.

Es cierto que existen otras técnicas, como el corte mediante hilos diamantados, que permiten reducir el grosor desperdiciado en cada corte. Las grandes máquinas multihilo, que permiten el corte simultáneo de muchas tablas a partir de un gran bloque, sin embargo, no están tan generalizadas en la industria, porque suponen una inversión muy grande, que pocas empresas están en disposición de afrontar, pero, principalmente, porque requieren de una calibración y mantenimiento constantes y porque, para alcanzar las velocidades de corte rentables, deben recurrir a hilos de gran espesor, con lo que el beneficio proporcional de este sistema es menor. En cualquier caso, mediante este método hay empresas que ofrecen mármoles y otras piedras dimensionadas de 1,5 cm (15 mm) de espesor. Ojo, que habitualmente estos espesores se reservan para formatos pequeños, en forma de baldosas o plaquetas, no para tablas completas o piezas de gran formato, porque muchas de estas empresas no han podido resolver los temas del manejo y transporte de unas piezas que se vuelven más frágiles al disminuir su espesor. Además, para determinados usos tradicionales de la piedra natural, es necesaria cierta resistencia que se correlaciona con el espesor. Para su uso en pavimentos o encimeras, especialmente cuando se prevea un uso intenso, es perfectamente válido decir que un espesor de 3 cm es mejor que uno de 2 cm y éste será más recomendable que uno de 1,5 cm, siempre y cuando el presupuesto y el peso lo permitan.

Sin embargo, existen muchos usos de las piedras ornamentales para los que sería maravilloso obtener espesores mucho menores. Para el uso en revestimientos o para recubrir superficies no sometidas a trabajo intenso, el grosor de la pieza no debería ser un factor importante, salvo a la hora de tener en cuenta el peso. Con una densidad de 2.700 o 2.800 kg. /m3, un metro cuadrado de mármol de 2 cm viene a pesar unos 55-60 kg, en función de la variedad (bastante más para el caso de los granitos y cuarcitas, que son las otras piedras ornamentales más utilizadas). O sea, que un tabique de 2,5 m de altura y 3 m de largo que quisiéramos revestir con mármol común, tendría que soportar unos 450 kg. adicionales, sin contar con el peso del adhesivo. Un mármol de espesor mucho más reducido se puede colocar incluso encima de un revestimiento ya existente, siempre y cuando éste esté firmemente fijado a la pared. Esto es un factor a tener muy en cuenta a la hora de planificar fachadas, donde centenares de m2 se traducirán en decenas de miles de kilos.

Litomo es una empresa que ha desarrollado un método de corte completamente nuevo y de gran precisión, que permite cortes de incluso un milímetro, aunque para formatos grandes sus piezas suelen ser de 3 mm. Podemos hablar de una verdadera "chapa de piedra" por primera vez en materiales no laminables. Esto supone una reducción significativa no sólo del peso, sino de los recursos energéticos e hídricos necesarios para la obtención de dichos cortes. También el transporte de placas de 3 mm. supone una reducción importantísima de la huella de carbono por cada metro cuadrado. Pero, lo más importante, garantiza una explotación de los recursos líticos, de las canteras, sostenible durante mucho más tiempo que los formatos tradicionales (en tabla o en baldosas). Además, los pesos reducidos permiten el uso del mármol en esferas hasta ahora impensables, como la fabricación de puertas y divisorias, mamparas de baño, elementos colgantes de techos, lámparas o incluso falsos techos. Su espesor abre las puertas a su uso como revestimiento de muebles, sobre estructuras tradicionales, sin necesidad de recurrir a esqueletos metálicos o perder mucho espacio por el grosor.

Esto en cuanto al espesor del mármol, entendido como piedra ornamental dimensionada, que se puede pulir sin aditivos. Pero ¿qué hay de las otras dimensiones? Porque en las canteras se obtienen bloques de diferentes tamaños, pero, una vez reducidos a tablas, del espesor que sea, aún hay que recortar éstas para obtener un tamaño final y una forma que sea adecuada al uso decorativo que queramos darle en construcción. El caso es que las rocas son fruto de la naturaleza. No se producen en fábricas, en medidas predeterminadas. No se puede garantizar que los bloques de una cantera determinada se obtendrán en un tamaño prefijado. Y, por supuesto, los bloques obtenidos no tienen unos bordes perfectos, porque la técnica más habitual de explotación de canteras, normalmente a cielo abierto, los obtiene realizando una serie de perforaciones en determinadas líneas del mineral para, a continuación, insertar explosivos débiles, o cordón detonante o incluso cuñas hidráulicas. Los explosivos se hacen detonar con una diferencia mínima de tiempo para evitar resonancias en el material que lo destrozarían completamente. Sea cual sea el método empleado, lo que se logra es la expansión a lo largo de determinadas líneas de rotura, lo que produce grandes prismas de roca, con los bordes relativamente rectos, pero no aptos para su uso final. De hecho, los bloques obtenidos son tan grandes, que no se podrían comercializar. Para poder utilizarlos, no basta con cortarlos: primeramente, hay que "volcarlos", es decir, tumbarlos en posición horizontal para seguir con el proceso de trabajo. Esto se consigue normalmente empujándolos con grandes palas retroexcavadoras para hacerlos caer sobre un lecho de rocas desmenuzadas para evitar que la caída rompa el bloque. Aún así, el impacto es tremendo.

Es cierto que existen otras técnicas de obtención de bloques, principalmente mediante hilos de acero diamantados. Este método se utiliza más en explotaciones en minas o cuevas, no en explotaciones al aire abierto, que son las mayoritarias (un 95% aproximadamente del total). La explotación en cuevas viene restringida a determinados tipos de mármol escasos y muy preciados, por el incremento de costos que supone. Pero para el caso es igual: los bloques son muy grandes y hay que fragmentarlos en bloques menores que un camión común pueda transportar por una carretera normal. Esto se consigue mediante rozadoras de brazo, que vienen a ser como sierras mecánicas de grandes dimensiones, dotadas de cadenas con elementos diamantados o de carburo de wolframio, que desgastan la roca. También es posible obtener bloques directamente de la cantera mediante esta técnica, aunque se utiliza poco, porque la longitud del brazo supone una limitación.

La cuestión es que estos bloques "transportables" de los que se obtienen las tablas, tampoco tienen un tamaño fijo ni unos bordes perfectamente lisos y escuadrados. Por eso las tablas obtenidas tampoco tienen un tamaño normalizado. Los bloques vienen a tener unos 7 m3 y pesan unas 19 toneladas, pero eso depende mucho del tipo de mármol, porque cada cantera es diferente y los cortes van cambiando de sección a sección. El tamaño normal para una tabla sería de 230-250x150-170 cm. A partir de ahí, se envían a marmolistas de todo el mundo, que van cortando de ellas los tamaños adecuados. Naturalmente, cuanto mayor es el formato a cortar, menos aprovechable es la tabla. El tamaño de la pieza final es uno de los factores más determinantes en el precio del mármol para el consumidor. Es decir, si queremos obtener baldosas de 100x100 cm (1 m2) de una tabla de, digamos, 240x170 cm (4,08 m2), sólo obtendremos 2 piezas por tabla y "desperdiciaremos" otros 2,08 m2. Evidentemente, estos restos se pueden aprovechar para obtener baldosas de menor tamaño, pero, por un lado, estas baldosas serán de tablas distintas, con vetas diferentes y tonos contrastados y, por otro lado, el marmolista o transformador local no siempre tendrá la seguridad de poder "colocar" esos restos cuyo tamaño debe encajar con las necesidades del siguiente cliente. Además, la posibilidad de que haya fracturas o fisuras que impidan el corte o afecten a la integridad de la pieza final, se multiplica en el caso de los formatos grandes. Por eso, muchas empresas comercializan baldosas de mármol de pequeñas dimensiones a un precio mucho menor que las piezas cortadas a medida o de tamaños superiores a unos 60x60 cm, porque en realidad se trata de un subproducto para ellas. O, en el caso de que se especialicen en el corte de piezas de estas dimensiones directamente de la tabla, porque estas medidas pequeñas permiten aprovechar mucho más unas tablas de dimensiones variables. En el caso del ejemplo que poníamos de una tabla de 240x170 cm, por ejemplo, se podrían obtener 35 baldosas de 30x30 cm (3,15 m2) o 10 de 60x60 cm (3,6 m2). Hay que considerar que cada corte en sí, siempre supone un desperdicio de material de unos 2 cm con las técnicas tradicionales. Por eso, los formatos más habituales para baldosas de mármol son 30x30, 40x40, 40x60 y 60x60 cm.

Claro que, quitando de algunos ejemplos de mosaicos o de marquetería en mármol, que son conceptos de lujo por la gran cantidad de trabajo que implican, las piezas de mármol suelen ser más impactantes cuanto mayor tamaño tengan. Los grandes formatos aligeran el espacio, la belleza natural de la piedra se ve como un continuum donde la variación de vetas y colores es armónica y no como un conjunto abigarrado de retales diversos. Además, los grandes formatos permiten la colocación consiguiendo un efecto especular tipo libro abierto (book match), o con una continuidad de veta, siempre que se trate de piezas consecutivas cortadas del mismo bloque. Estos efectos eran muy apreciados en la arquitectura clásica y vuelven a estar de moda impulsados por la democratización que suponen las innovaciones en alternativas artificiales al mármol, como el gres porcelánico de gran formato.

Por otro lado, la dificultad que hemos descrito de obtener mármoles de gran formato, más el coste añadido del transporte y la colocación de estos tamaños, les dan a los mármoles naturales de más de 1 metro cuadrado de superficie una aura de lujo y exclusividad que no tienen otros materiales. En este caso, las piedras naturales de Litomo, con apenas 3 mm de espesor, también muestran ventajas significativas, puesto que resulta mucho más sencillo almacenar, transportar y colocar finas láminas o chapas de 8 kg, que otras de similar tamaño, pero más de 60 kg de peso. Además, se pueden elegir las piezas, muchas de ellas muy próximas en el bloque, con lo que resulta sencillo planificar la continuidad del diseño de las vetas o bien la colocación a libro abierto.

Ya hemos hablado de tres dimensiones del mármol: alto, ancho y grueso. Pero ¿y la cuarta? La cuarta dimensión es el tiempo, naturalmente. Y con un consumo de materia prima muy inferior al habitual para la misma cantidad de metros cuadrados, sólo el mármol fino de Litomo, de apenas 3 mm, puede garantizar el disfrute de la piedra natural para las generaciones futuras.

Hemos mirado el mármol por los cuatro costados, pero no hemos hablado aún de su superficie. Y en el concepto habitual (no estrictamente geológico) del mármol, resulta importante la capacidad de pulirlo sin ayuda de aditivos químicos. Existen muchos tipos de piedras decorativas, todas hermosas a su manera y todas ideales para algún proyecto concreto. Todas se pueden trabajar mecánicamente, químicamente, con fuego o con una combinación de todas esas técnicas, para obtener resultados estéticos originales.

El primer "acabado" sería precisamente no realizar ningún acabado y dejar el efecto serrado. En el corte de la tabla en el telar, las sierras o flejes (de unos 0,5 cm de espesor aproximadamente) arrastran unas esquirlas metálicas denominadas granalla y dejan unas marcas características. El corte mediante disco también deja unas marcas características, semicirculares, en la piedra. Ambos procesos, aclaran el color natural del mineral. Este acabado, tal cual, puede ser muy bonito, especialmente para el uso en exteriores o cuando se pretende un efecto rústico, pero resulta menos práctico en interiores (mayor rugosidad implica mayor dificultad de limpieza), aumenta la absorción de líquidos del material, porque los poros quedan abiertos y carece de la sofisticación del pulido.

Entre los acabados más tradicionales y rústicos está el abujardado o labrado. Se realiza mecánicamente, mediante una bujarda o martillo cuya cabeza tiene unas pequeñas pirámides de metal duro y con el que se golpea repetidamente la superficie de la piedra para crear unos cráteres de 1 a 3 mm de profundidad que cubren la parte decorada. Esto provoca que la parte abujardada se vea más clara. Por lo tanto, en los mármoles, se puede combinar con otras partes pulidas para crear un efecto bicolor. Hoy en día se utilizan martillos neumáticos y no manuales y, a menudo, líneas automatizadas, pero el procedimiento sigue siendo puramente por percusión repetitiva. Otros tipos de piedra, como areniscas o calizas no metamórficas, no resultan sencillas de pulir, pero se les aplica a menudo el abujardado y se utilizan mucho en exteriores. Como en el efecto serrado, el aumento de la rugosidad dificulta la limpieza, pero para muchos usos tradicionales de la piedra esto no supone un problema.

El siguiente escalón sería el arenado. Como su nombre indica, consiste en golpear la superficie con arena de sílice o corindón lanzada a gran velocidad con un chorro de aire. Dependiendo de la presión del chorro, se producirá un punteado más o menos profundo, que resaltará ligeramente el tono natural de la piedra. El efecto es como el de un abujardado de menor tamaño.

El anticatto produce el efecto de piedra muy antigua. Nos recuerda el estado actual de esas nobles ruinas de la antigüedad, de piedras que han visto mucha historia. Normalmente se consigue mediante procedimientos mecánicos, mediante cepillos abrasivos o colocando las piezas en un bombo giratorio con cantos de alúmina u otros materiales duros, que golpean la pieza de forma irregular al girar y chocar contra ella. Se trata de conseguir bordes irregulares, pequeños agujeros en la superficie, irregularidades… A veces se utilizan métodos químicos (ataque con ácidos) para aumentar el efecto, aunque esto puede dañar la estructura de la piedra si no se realiza adecuadamente.

Flameado: no se puede aplicar a todo tipo de piedras. Normalmente es apto para granitos, piedras muy duras. Se aplican llamas con mecheros de oxiacetileno, que consiguen altísimas temperaturas, directamente sobre la superficie. El choque térmico provoca el desprendimiento de pequeñas esquirlas, con lo que la superficie obtiene cierto relieve. Además, el calor hace que algunas partes queden ligeramente brillantes debido a una pequeña vitrificación, lo que también le da estabilidad frente a los ataques químicos, especialmente frente a los fenómenos atmosféricos. El proceso no deja manchas y resalta el color de la piedra.

Apomazado. Consiste en aplicar abrasivos, pero sin llegar a sacar brillo a la superficie de la piedra decorativa. Normalmente se aplica mediante cabezales rotativos con abrasivos de diferente granulometría, que eliminan irregularidades y marcas. Resalta los tonos oscuros, aunque no tanto como el pulido. Se puede aplicar a piedras como calizas y areniscas, que no están tan cristalizadas como los mármoles. Sería el caso de los modelos Battenberg Gold y Battenberg Silver, de Litomo.

Y, finalmente, está el pulido, en el que se aplican abrasivos de granulometría progresivamente más y más fina durante períodos de tiempo mayores, hasta lograr una superficie limpia y brillante, de porosidad casi nula y donde resalta y contrasta el color de la piedra. Es el rey de los acabados, en el que todos pensamos instintivamente al pensar en mármoles. De hecho, la palabra mármol deriva del griego antiguo "μαρμαίρω", con el significado de radiar / brillar. El pulido sólo se puede aplicar en piedras que presentan una cristalización natural, que es a lo que nos referimos cuando hablamos de mármol lato sensu. Esta técnica reduce la apertura de los poros (aunque no los puede sellar totalmente), proporcionando cierta protección frente al ataque de agentes externos, que se puede aumentar mediante tratamientos protectores, aunque el mármol natural siempre será sensible a determinados agentes, especialmente ácidos. Para limpiar un mármol pulido, será suficiente pasar un paño humedecido en una solución jabonosa y secar bien a continuación con un paño absorbente (de hilo).

El pulido se suele realizar en la misma industria que prepara las tablas cortadas, normalmente cerca de la cantera. Dependiendo de la regularidad de la superficie, se conseguirá un brillo más o menos homogéneo. A menudo, las tablas que son nominalmente de 20 mm, presentan diferencias de espesor de 1 mm o más a lo largo de la superficie. Sin embargo, en el caso de hojas o chapas de 3 mm o menos, la planimetría es mucho mejor. No podría haber diferencias tan grandes sin que resultase demasiado evidente. Por ello, tras el proceso de pulido, en las láminas de Litomo no se aprecian aguas, dándose un brillo especular. Litomo realiza el proceso de pulido con la misma obsesión por la precisión con la que consigue cortes de piedra extremadamente finos y logra resaltar los aspectos más bellos de la piedra natural.

Y bien, el proceso de pulido hace destacar los rasgos naturales del mármol. Pero ¿cuáles son esos rasgos y colores que presentan los mármoles? Si hablamos de mármol como piedra caliza de estructura cristalina, que puede pulirse, existen infinidad de colores y variantes. Y es que la caliza más pura sería de color blanco, pero en la naturaleza se suele dar junto a multitud de impurezas en forma de sales disueltas u óxidos de diferentes minerales que dan color a la misma caliza o forman vetas en ella. Y como, para gustos se hicieron los colores, no podemos decir que unos sean mejores que otros. Eso depende más de las modas, los gustos y un factor de no menor importancia: lo exóticos que nos resulten. En muchas partes del mundo hay mármoles de gran belleza que no son bien considerados por los locales, simplemente porque siempre han sido muy accesibles. Una cierta clasificación de mármoles podría ser:

Por su color: sencillos o policromos, en función de que presenten un solo color uniforme o varios.

Veteados y arborescentes, si presentan vetas o venas (fajas de otras materias interpuestas) de color distinto al fondo. Hablamos de mármoles arborescentes cuando estas vetas forman dibujos, donde una veta se ramifica en varias.

Lumaquelas, si contienen caracoles y conchas fosilizados. Al fin y al cabo, la mayoría del carbonato cálcico (CaCO3) que forma los mármoles proviene de los restos de seres vivos sedimentados en grandes depósitos en fondos marinos. Las conchas que vemos en las lumaquelas son, simplemente, de tamaño visible.

Brechas: rocas sedimentarias formadas por gránulos de cantos vivos, habitualmente cementados por piedra caliza. En el caso que nos ocupa, de los mármoles y piedras definidas ampliamente como mármoles, sólo por piedra caliza, aunque los gránulos pueden ser de otros materiales.

Por eso decíamos al principio que las cosas pueden no estar tan claras. Una "brecha" (it. breccia) ¿es un mármol? ¿independientemente del porcentaje ocupado por materiales no calizos? Y, siendo la arenisca una roca formada por compactación de arena con cementos de tipo silíceo o calizo ¿se puede considerar a las calcoarenitas como mármol? Uno de los requisitos del mármol es que las calizas presentes estén compactadas hasta el punto de que se haya producido una cristalización de las mismas, lo que permite su pulido. En el caso de las arenitas calcáreas, esto depende en gran medida de su antigüedad. Así, habrá rocas que, siendo en puridad areniscas, se puedan considerar comercialmente como "mármoles", porque presentan las características de éstos de cara a su explotación industrial. Sus colores y dureza variarán, como en el caso de otros mármoles, en función de las "impurezas" que hayan tenido parte en su formación. Así, las rocas con gran contenido en óxidos de hierro tenderán a ser rojizas. El diópsido dará tonalidades verdes. Suele haber inserciones de grafito, con su característica tonalidad gris oscura. En el caso de mármoles derivados de areniscas, a menudo se presentarán dibujos granulados, como realizados a carboncillo, diferentes de los mármoles clásicos, pero también bellos.

Entonces ¿qué demonios es el mármol? El mármol propiamente dicho, desde un punto de vista geológico es una roca metamórfica formada cuando la caliza se somete a altas temperaturas y presiones y alcanza un alto grado de mineralización. Está compuesta mayoritariamente de calcita (CaCO3), aunque contenga trazas de otros minerales. Tiene una dureza de 3 – 4 en la escala Mohs y una resistencia entre 40 y 100 MPa.

Cuando el proceso de metamorfosis se da no sobre calcita, sino en dolomita -CaMg(CO3)2 – el resultado es un mármol dolomítico, ligeramente más denso y duro. Y esta sería la diferencia entre el mármol "auténtico" y el resto de piedras decorativas conocidas como mármoles: la cristalización se produce en calcita o dolomita (carbonato de calcio y magnesio).

En general, estos mármoles "auténticos" presentarían cristales de mayor tamaño, con un aspecto de azúcar cristalizado y tendrían ausencia de fósiles. Pero, para su uso en construcción, no tiene importancia que una piedra ornamental encaje en la definición puramente geológica del mármol. Dicho esto, hay que decir también que muchos de los mármoles más preciados y conocidos desde la antigüedad son también mármoles según esta última definición.

Con todo esto en mente ¿cuál es el mejor mármol o la mejor piedra ornamental dimensionada? Bueno, como en el arte o el vino: el que más nos guste o mejor vaya con nuestro proyecto. Existe una miríada de mármoles. Y, de hecho, hay muchísimas más denominaciones que tipos de mármol. Primero, porque las comercializadoras multiplican los nombres para resaltar la exclusividad o alguna característica de la piedra. Segundo, porque incluso dentro de la misma montaña o cantera puede aparecer una sección con piedra similar, pero con características de color, veta, cristalización o presencia de fósiles que sean suficientemente distintivas como para darle un nombre diferente. Y finalmente, porque, incluso de un mismo bloque de piedra se pueden tallar tablas que parezcan completamente diferentes si se cortan "a ley" (en la dirección de las vetas) o "a contraley" (perpendicularmente a las vetas). Esto es particularmente evidente en el caso de los travertinos y es habitual encontrarse con nombres comerciales diferentes para cortes diferentes de la misma piedra.

Aun así, a menudo los tipos de mármoles similares, aunque provengan de canteras diferentes, tienen el nombre genérico de la primera cantera o zona donde se extrajeron o donde se hicieron famosos. Existe un mármol negro que se extrae en China y se vende como "Negro Marquina", aunque tenga su origen a miles de kilómetros de la localidad de Markina-Xemein, en Vizcaya. En este caso la diferencia es importante, porque este material asiático suele ser de una calidad inferior al auténtico Marquina.

Y ¿cómo elegir el mármol ideal? Cuestiones estéticas aparte, lo importante es que resista para el uso que pretendemos darle. No es lo mismo un pavimento que tenga que resistir un tráfico peatonal intenso, que un revestimiento puramente decorativo o su uso en mobiliario o en mamparas aligeradas, para las que es ideal utilizar chapa o láminas muy finas.

Tradicionalmente, el principal "enemigo" a evitar eran las grietas y fisuras. Es normal que haya pequeñas fisuras en el mármol. Es más, cuando existen, pueden ayudar a transmitir el efecto de naturalidad y pieza única e irrepetible propios de los materiales naturales. El problema es cuando estas fisuras son tantas o tan profundas, que atraviesan completamente el material y pueden hacer que se quiebre. Hay piedras más tendentes a este tipo de fragilidad que otras. Sin embargo, últimamente se ha generalizado reforzar las traseras de las piedras más frágiles con una malla de nylon o fibra de vidrio, normalmente adheridas con resina epoxi, lo que soluciona la mayor parte de problemas de roturas durante el transporte y la colocación. Y, una vez colocada la pieza, es poco probable que se produzcan más roturas. Otros productores incluso inyectan resina epoxi a presión en una de las caras de la piedra para aumentar la coherencia interna y facilitar su transporte. Mientras no se altere el aspecto externo, esto no debe suponer un problema y es un modo más racional, moderno y sostenible de explotar las canteras, ya que tradicionalmente se descartaba un porcentaje muy alto de materiales ya cortados, por su fragilidad. Otra cosa es que las pequeñas fisuras sean estéticamente poco aceptables para nosotros como consumidores.

En el caso de las láminas de piedra ornamental fina de pequeño espesor de Litomo, dada la fragilidad asociada al tamaño en sí (una chapa de grandes dimensiones, de apenas 3 mm de grueso), se refuerzan sistemáticamente los productos de gran formato, para reducir los riesgos de rotura durante el transporte y la manipulación. Sin embargo, el mismo formato de la pieza es una garantía de la ausencia de fisuras importantes, porque cualquiera de ellas atravesaría la pieza completamente y haría imposible el corte. Para producir chapa u hojas de piedra (lámina fina), sólo se pueden utilizar las mejores calidades del mármol, caliza o arenisca.

Tradicionalmente, no solo las fisuras se han tenido en cuenta para la clasificación de los mármoles. A menudo, estas fisuras han estado asociadas a la presencia de venas de otros materiales, lo que puede reducir la resistencia del material. Por eso se buscaba que los materiales tuviesen un fondo lo más monocolor y uniforme posible. En el caso de que las vetas sean características del material, se busca que estén distribuidas de la forma lo más uniforme posible. Lo más escaso se suele considerar lo más preciado y en la naturaleza cuesta encontrar un bloque perfectamente cristalizado, sin impurezas y lo suficientemente compacto para cortar tablas de grandes dimensiones. Sin embargo, con la proliferación de alternativas artificiales cada vez más logradas, eso puede estar cambiando. Por más uniforme que sea el tono de un mármol, nunca lo será tanto como el de una partida de azulejos cerámicos monocolor, por poner un ejemplo. Así que se busca cada vez más la riqueza del dibujo, la complejidad del veteado, las inserciones cristalinas, incluso los pequeños "defectos" de la superficie. Como en las perlas barrocas, la belleza está en la exclusividad, aunque depende del gusto personal. Idealmente, debe haber un equilibrio entre un fondo relativamente uniforme y unas vetas complejas o la presencia uniforme de fósiles, pero no tanto como para parecer artificial.

En resumen, cada pieza será única y lo ideal es poder elegir cada una por separado. Litomo tiene una base de datos con cada pieza disponible en un momento dado, que se puede elegir para se ajuste lo más posible a nuestro proyecto.

¿Cómo elegir un buen mármol?

Los mármoles se presentan en una amplia variedad de colores, desde el negro al blanco puros. Dado que los colores distintos del blanco se forman por la presencia de impurezas disueltas, las transiciones de colores se suelen dar de forma gradual y difuminada. Para gustos se hicieron los colores y habrá que elegir el que mejor vaya con nuestros gustos y necesidades. Pero la presencia de determinados colores muy brillantes o contrastados podría indicar que no se trata de un mármol (podría ser un granito o cuarcita), o el uso de colorantes artificiales en el proceso de pulido.

Venas: son características de muchos tipos de mármol. Los materiales artificiales imitan bien la forma de las venas, pero raramente pueden transmitir la profundidad de dibujo del mármol natural. El brillo de un material bien pulido también es característico. Muchas cerámicas tienen una superficie brillante, pero no similar a la del mármol. Si observamos el mármol bajo una buena iluminación, de cerca, con unos pocos grados de inclinación respecto a nuestro ojo, apreciaremos la calidad del pulido y podremos detectar todo tipo de protuberancias en forma de "aguas", si el material no está bien pulido, y la presencia de pequeñas fisuras. Estas pueden ser exclusivas del mármol (muestran que eran más profundas que la capa eliminada al pulir, lo que es propio de los materiales naturales) y darle su sello de autenticidad, pero si son muchas o muy profundas, afectarán no sólo al plano estético, sino a la calidad / fragilidad del material.

Muchas veces estas fisuras vienen masilladas en resina epoxi. Incluso podemos detectar agujeros de un tamaño relativamente grande, también disimulados con esta técnica. Hemos de tener en cuenta que se trata de un material artificial y, si se ha utilizado mucho, indica una mala calidad del material.

Finalmente, deberemos tener en cuenta la calibración del material, en todas sus dimensiones. No sólo asegurarnos de que los ángulos están perfectamente bien escuadrados, sino también de que no hay grandes diferencias de espesor, que dificultarían la colocación.

Algunos tipos de piedra ornamental hermosos y fácilmente combinables:

Mármol Arabescato Regolo: de fondo color blanco luna, uniforme y con grandes cristales de calcita, es un mármol "puro", con vetas uniformemente distribuidas, de color gris, como volutas de humo.

Proviene de los Alpes Apuanos, un área de unos 400 km2 en la Toscana norte, entre las provincias de Massa-Carrara y Lucca, en Italia. En esta zona los montes se elevan bruscamente desde el nivel del mar en unos pocos kilómetros y ese contraste de altura les ha dado el nombre de "Alpes", aunque geográficamente se trate de parte de los Apeninos. Pues bien, esta zona se formó en unas condiciones únicas: hace 220 millones de años se trataba de una zona lacustre y pantanosa. Hace unos 200 millones de años, durante el jurásico inferior, ya había un verdadero mar tropical, poco profundo, con escolleras coralinas, lagunas cálidas rodeadas de playas de arena blanquísima… Allí se acumularon durante siglos las conchas y pequeños esqueletos de microorganismos, creando una "plataforma carbonática" de CIENTOS de metros de potencia. Al quedar enterrados estos depósitos a gran profundidad, a temperaturas de 350 a 450 grados, sometidos a altísimas presiones, los minerales que las formaban se adaptaron, formando cristales de grandes dimensiones, sin llega nunca a fundirse.

Ese es el origen de unos de los mayores depósitos de mármol blanco del mundo y, sin duda, el más conocido. Los mármoles más apreciados, Blanco Carrara, Arabescato, Estatuario, Calacatta… son variantes del mismo fondo blanco de origen biomarino y con vetas de tamaño y distribución diferentes, todas de la misma zona cercana a Carrara.

Arabescato Regolo es el típico material de acabado que "va con todo", como esos icónicos vestiditos negros de fondo de armario. Los cristales de calcita son translúcidos, lo que no solo les da unos reflejos muy especiales, sino que permiten la retroiluminación, si el corte es lo suficientemente fino, marcando más contrastadamente las venas grisáceas, como volutas de humo. Combina perfectamente bien con Nero Marquina para formar elegantes ambientes en blanco y negro, por ejemplo, de estilo Art Deco, o con cromados. O con cualquier elemento en toda la gama de grises, blancos o negros.

Alabastro Volterra: si hablamos de translucidez y retroiluminación, el alabastro es un mundo aparte. No se trata de un mármol, porque el material calcáreo que lo forma (sulfato de calcio), no se ha visto sometido a suficiente presión durante un periodo tan largo como para lograr cristalizar completamente. Es de un color blanco, epónimo de la blancura en la poesía clásica. La palabra está relacionada con la que denominaba en la antigüedad griega los frascos de perfume. Y es que los cosméticos más caros, como las esculturas más elaboradas, se fabricaban con este mineral, como la estatua de la reina Tiye de Egipto. Desde la antigüedad etrusca y romana eran muy apreciados los objetos de alabastro de Volterra, donde se aprovechaba que es más blando y fácil de trabajar que el mármol, para elaborar pequeñas esculturas, relieves e incluso sarcófagos con intrincada decoración. Los mejores ejemplos de arte en alabastro provienen del s. XVIII. Incluso hoy en día, mucho del alabastro de primera calidad del mundo proviene del sur de Europa, desde donde se exporta a todo el mundo para la elaboración de plafones de iluminación de lujo.

Y es que la característica principal del alabastro es su aspecto translúcido. Incluso en espesores de dos o tres centímetros, deja pasar a su través una buena cantidad de luz. Durante toda la edad media, cuando la elaboración del cristal translúcido resultaba compleja y los tamaños eran limitados, se utilizaron placas de alabastro para cubrir los ventanales de los grandes edificios religiosos. Aún hay muchos ejemplos de ello, especialmente en España e Italia.

En placas finísimas de Litomo, de 3 mm, difumina ligeramente la luz, creando ambientes etéreos y espirituales. Además, esas placas son lo suficientemente ligeras como para que las sostenga una estructura de techo desmontable estándar. Una placa de alabastro de 3 mm pesa menos de 3 kg (2,7 kg) y su tamaño, 594x594 mm, también está optimizado para este uso, utilizando anclajes y perfiles estándar.

El alabastro no se da en grandes bloques, sino en bolos de hasta alrededor de 1 m de diámetro como máximo, pero habitualmente mucho menores. Esto se debe a que se forma por la acumulación de material biocálcico en agua que se acumulaba muy lentamente en pequeñas cavidades.

Cuando se corta en placas, estas son de un blanco lechoso mate, con pequeñas manchas de un blanco puro, como nubes de algodón de azúcar y, a veces, marcadas vetas rojizas o de color tabaco. Observar una placa de alabastro, llena de matices siempre cambiantes, es como contemplar el fuego o el agua fluyente de un río. Uno se puede pasar horas haciéndolo y siempre descubrirá nuevos aspectos.

Aunque es una piedra decorativa frágil y sensible a la humedad (no se recomienda su uso directamente bajo el agua), cuenta con muchas aplicaciones en interiorismo, con la capacidad de reflejar un lujo atemporal. Se puede utilizar para elaborar barras de bar retroiluminadas, paneles o estantes con luz posterior, mamparas divisorias y puertas de armario de estilo japonés… y, por supuesto, falsos techos iluminados totalmente, bien mediante tiras LED separadas unos 15 cm, o bien colocando una placa LED directamente sobre cada placa de alabastro. La enorme reducción del precio de la iluminación LED en los últimos años, junto con el precio mucho más reducido de las placas de alabastro de 3 mm respecto a los formatos tradicionales, hace de estos techos un verdadero lujo al alcance de muchos.

Litomo cuenta, además, con varios modelos de lámparas de líneas modernas, completamente realizados en chapa de alabastro, tanto grandes modelos de techo, de 80 cm, como de sobremesa.

Dark Orient: con un fondo gris que va del color de la plata vieja al marengo cálido, con pequeñas vetas nubarradas, en blanco grisáceo u ocasionalmente rojizas, distribuidas de forma bastante uniforme a lo largo de la superficie, es un mármol oscuro, ideal para ambientes muy contemporáneos, sobrios o donde se quiera transmitir una cierta masculinidad. Combina muy bien con maderas oscuras (wengé, ébano, jatoba, ipé…) Funciona de maravilla junto con el nogal americano y con los tonos grafito para dar ambientes muy modernos y sofisticados. Si están correctamente iluminados, los colores oscuros se pueden utilizar en arquitectura para transmitir exclusividad y Dark Orient puede ayudar a enviar ese mensaje, sin caer en el monocromatismo negro.

Cuando no se pule completamente, sino que se le da un acabado apomazado, Dark Orient presenta un tono gris más claro, como el acero.

Crimson Orient: de color carmesí intenso, con venas pequeñas, similares a las de Dark Orient y mayor profusión de fósiles que éste, está más cercano al tono del pórfido que a los mármoles rosáceos. Sin embargo, resulta mucho más sencillo de trabajar que el pórfido o los granitos rojos y sus vetas blancas lo hacen más elegante. Aparte de con Dark Orient, se puede combinar, por contraste, con mármol Arabescato Regolo, con madera de roble, con mármol Oldbury, elementos metálicos en oro, bronce o cobre…

Oldbury: es una piedra marmórea de color bastante uniforme, que va del gris parduzco al color café claro, con vetas pequeñas, granuladas y difuminadas en tonos más claros. Puede parecer que la gama de los marrones es aburrida, pero da muchísimo juego en la decoración del hogar. Los humanos evolucionamos en las grandes extensiones de la sabana africana y el color de la tierra y de la hierba en verano siempre nos transmite paz. Se asocia también en muchas culturas a la gama cromática del otoño.

Oldbury es uno de estos materiales todoterreno que se puede utilizar tanto para contrastar con los tonos crema, beige o arena, como para proporcionar un tono de fondo ligeramente contrastado a algún elemento de color chocolate. Combina admirablemente con muchas variedades de madera, desde arce o roble a nogal o caoba. También con elementos de bronce o cuero. Nuestra selección: combinarlo con Calacatta Oro Zecchino para darle un fondo donde destaquen las vetas doradas de éste último, o con Battenberg Gold para un ambiente más neutro y cálido. La combinación del marrón claro de Oldbury, junto a la gama blanca, da un aspecto cálido y luminoso, mientras que combinado con el color arena de Battenberg Gold resulta acogedor y sin estridencias. Para añadir estilo, podemos combinar la gama marrón de Oldbury con tonos dorados y con elementos coralinos, añadir elementos de color rosa o tejidos como el terciopelo.

Canterbury: similar a Oldbury, pero con profusión de fósiles e "islas" calcáreas de color blanco o rojizo. Para quienes buscan algo más atrevido que un material de fondo, pero no aman los grandes contrastes y las vetas marcadas. Se pueden añadir elementos de color cobre para destacar su aire contemporáneo, o bien combinar con maderas rojas. Si añadimos algún elemento de color naranja sobre el fondo marrón con fósiles rojizos de Canterbury, tendremos armonizada la gama otoñal en un ambiente cálido y acogedor. O, si buscamos el contrate, el azul es siempre una posibilidad de combinación cuando hablamos de un fondo marrón. Los tonos fríos de uno se complementan con los cálidos del otro. Podemos siempre añadir algún jarrón decorativo de cerámica o vidrio en color azul, o telas y alfombras en este color y Canterbury funcionará como un fondo perfecto y tranquilo.

Nero Marquina: un mármol duro, resistente, salido de las entrañas del País Vasco y conocido en todo el mundo por su color negro profundo de grano fino, con insertos de color blanco de fósiles y algunas venas blancas. Su inusual color negro puro lo ha convertido en un elemento construcción de lujo, muy apreciado por arquitectos y diseñadores de todo el mundo, y hoy en día se utiliza principalmente para la decoración de interiores, como baños y escaleras. Combina con todo lo que combina el color negro, es decir, con casi todo. Con el mármol Arabescato Regolo, con Calacatta Oro, con alabastro, con dorados y cromados… Junto con el gris intenso de Battenberg Silver o el marrón tranquilo de Oldbury, puede funcionar como ese punto de contraste neutro que da glamour a una estancia.

El verdadero mármol Markina se extrae en una pequeñísima franja de apenas cuatro kilómetros de longitud y unos doscientos metros de espesor y se ha utilizado en obras de gran prestigio en todo el mundo.

Nuestro Nero Marquina, junto con Calacatta Oro Zecchino y Arabescato Regolo, son auténticos MÁRMOLES en mayúsculas, de composición pura y prestigio internacional.

Battenberg Silver: es una arenisca sedimentaria en la que los espacios intersticiales se han cementado naturalmente con un material calizo. Se trata de una piedra ornamental de origen marino, cercana por su composición a los mármoles, pero no lo suficientemente metamorfizada para producir una cristalización completa, por lo que no se puede obtener un pulido brillante. Su porosidad también es mayor que la de los mármoles, por lo que no se recomienda su uso en lugares en los que se pueda manchar fácilmente. No obstante, es una piedra de gran belleza, de un agradable gris perla, con una variedad de vetas punteadas en color grafito, discontinuas y alternadas, como la espuma de las olas de la mar rizada. Pequeños puntos de cuarzo brillan como diminutos diamantes a lo largo y ancho de toda la superficie cuando se ilumina directamente. Se puede utilizar para proporcionar un fondo neutro en un color de moda, fácilmente combinable. En las placas ligeras de 3 mm, se puede utilizar para recubrir paredes e integrar puertas o armarios ocultos en ellas. O como recubrimiento decorativo de una chimenea suspendida del techo, por ejemplo.

Battenberg Gold: como Battenberg Silver, una calcoarenita mate, con brillos de cuarzo, pero en tonos arena ligeramente dorados y vetas más escasas y de mayor tamaño. Ideal para ambientes cálidos, de una rusticidad y primitivismo contenidos. Combina fantásticamente con tonos oro rosa o cobre, con maderas, con mármol Oldbury o Canterbury y con elementos de bronce.

Calacatta Oro Zecchino. Nacido en los valles y montañas de los Alpes Apuanos representa el summum del lujo y refinamiento en mármol blanco. Con un fondo blanco ligeramente amarfilado, de cristalización sacaroide (como cristales de azúcar) y grandes y elegantes vetas que van desde el dorado a algunos tonos verdosos y grises, podemos pasarnos horas observando este material y encontraremos siempre matices nuevos. Las vetas cubren completamente el material diagonalmente y se distribuyen de forma muy uniforme. Es un material ideal para conseguir espectaculares efectos de espejo o libro abierto. Se puede combinar con elementos en oro mate para conseguir ambientes de lujo refinado moderno. Con muebles blancos para crear espacios serenos y ligeros. Con maderas en todas las gamas, desde el roble natural al nogal, dado que los tonos cálidos se complementan con las vetas del mármol.

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